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Empresas29 de junio de 20265 minutos 59 segundos de lectura

Anthropic acusa a Alibaba del mayor robo de IA conocido: 25.000 cuentas falsas y 28,8 millones de conversaciones para copiar a Claude

No le robaron el código ni los datos. Le robaron algo más sutil: las respuestas. Una técnica llamada "destilación" permite clonar parte de una IA puntera preguntándole millones de veces. Y abre un frente nuevo en la guerra tecnológica entre EEUU y China.

Por DidadoY

Anthropic acusa a Alibaba del mayor robo de IA conocido: 25.000 cuentas falsas y 28,8 millones de conversaciones para copiar a Claude
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Una acusación que no va de hackeo, sino de algo más raro

El 24 de junio de 2026 se hizo pública una carta que Anthropic —la empresa detrás de Claude— había enviado dos semanas antes a varios senadores estadounidenses. En ella acusa al gigante chino Alibaba de llevar a cabo "el mayor ataque de destilación conocido" contra sus modelos hasta la fecha.

Las cifras son llamativas: según Anthropic, operadores vinculados a Alibaba y a su laboratorio de IA Qwen usaron alrededor de 25.000 cuentas fraudulentas para generar más de 28,8 millones de conversaciones con Claude entre el 22 de abril y el 5 de junio de 2026.

Pero lo más interesante de este caso no son las cifras. Es la naturaleza del supuesto robo. Porque aquí nadie entró en ningún servidor, ni copió ningún código, ni se llevó ningún archivo. Y aun así, según Anthropic, se robó algo muy valioso.

Qué es la "destilación" (explicado sin tecnicismos)

Para entender este caso hay que entender una técnica que está en el centro de la guerra de la IA, y que casi nadie fuera del sector conoce.

La destilación consiste en lo siguiente: en lugar de construir una IA puntera desde cero —algo que cuesta cientos de millones de dólares—, le haces a una IA ya existente millones de preguntas cuidadosamente diseñadas, recoges sus respuestas, y usas esas respuestas para entrenar un modelo propio, más barato, que imita sus capacidades.

La mejor analogía la dio un analista financiero: es como un chef de élite que, sin querer, enseña sus recetas a un aprendiz que observa cada plato que sale de la cocina. El aprendiz nunca inventó las recetas. Pero ha visto salir suficientes platos como para reproducir el menú.

Un matiz importante, y que conviene subrayar para no exagerar: esto no significa que Alibaba obtuviera el código fuente de Claude, ni los "pesos" del modelo, ni sus datos de entrenamiento originales. La acusación es más sutil: habrían copiado el comportamiento, no las tripas.

Qué buscaban, según Anthropic

La acusación es específica sobre el objetivo. La campaña, dice Anthropic, estaba diseñada para ayudar al modelo Qwen de Alibaba a acercarse a las capacidades de Mythos Preview —el modelo de frontera de Anthropic, el mismo que comparte arquitectura con el ya famoso Fable 5.

Y no a cualquier capacidad, sino a las más valiosas comercialmente: la programación de software y el razonamiento "agéntico" (la habilidad de la IA para ejecutar tareas complejas de varios pasos por su cuenta).

Dicho de otro modo: según Anthropic, no se trataba de copiar un chatbot cualquiera, sino de robar precisamente las habilidades que hacen que un modelo valga miles de millones.

El argumento de fondo: "están subvencionando a su competidor con tu dinero"

Aquí está la frase que Anthropic quería que llegara a los senadores, y que resume su estrategia.

La empresa describe los ataques de destilación como una forma de convertir "cientos de miles de millones de dólares de inversión estadounidense en IA en una subvención para competidores geopolíticos".

Es un argumento calculado. Anthropic no está solo defendiendo su propiedad intelectual: está enmarcando el caso como una cuestión de seguridad nacional. Y advierte de un riesgo añadido: los modelos construidos mediante destilación adversaria suelen carecer de las salvaguardas de seguridad del original, lo que crea peligros que van más allá del simple robo de tecnología.

Anthropic llegó a afirmar que el gobierno chino era cómplice del esfuerzo. Una acusación grave que, conviene señalar, la empresa no respaldó públicamente con pruebas detalladas en la carta conocida.

El contexto que casi nadie está conectando

Y aquí es donde esta historia deja de ser un simple "China copia a EEUU" y se vuelve mucho más interesante. Porque esta carta no llegó sola. Forma parte de una semana de fuego cruzado.

Dos días después de que se conociera la carta, el 24 de junio, Alibaba demandó al gobierno de Estados Unidos. Y dos días después de que Anthropic enviara la carta original (el 10 de junio), el Departamento de Comercio impuso el control de exportación que apagó Fable 5 y Mythos 5 por miedo, precisamente, a su uso por parte de China.

La secuencia es reveladora. Anthropic avisa a Washington de que China está robando capacidades de sus modelos. Washington reacciona apagando esos mismos modelos para que no caigan en manos chinas. Y China, por su parte, lleva el conflicto a los tribunales estadounidenses.

No es una historia de buenos y malos. Es una partida a varias bandas donde cada movimiento de una pieza condiciona el de las demás.

Por qué esto importa más allá de las dos empresas

Hay una lección en este caso que trasciende la pelea entre Anthropic y Alibaba, y que un analista del sector formuló muy bien.

La cadena de suministro de las empresas ya no termina en el software, las APIs o la nube. Ahora incluye "inteligencia alquilada" —los modelos de IA que las empresas usan bajo suscripción—. Y esa inteligencia alquilada se puede copiar y redesplegar muy lejos de los controles de seguridad con los que nació.

Para cualquier empresa que use IA, el aviso es serio: un modelo más débil entrenado a partir de uno más potente puede heredar sus capacidades sin heredar la gobernanza ni los controles que rodeaban al original. La destilación, dicen los analistas, debería ser una preocupación de consejo de administración, no solo un asunto técnico.

El otro lado: lo que no sabemos

Como en todo, conviene la cautela. Hasta ahora solo tenemos la versión de Anthropic. Alibaba no ha respondido públicamente a las acusaciones, ni para negarlas ni para matizarlas.

Y hay una pregunta legítima de fondo: probar que 28,8 millones de conversaciones tenían como fin específico entrenar a Qwen —y no, por ejemplo, un uso intensivo pero legítimo— es técnicamente complicado. Anthropic afirma haber detectado el patrón; verificarlo de forma independiente es otra cosa. Conviene leer la acusación como lo que es: una acusación seria de una parte interesada, todavía no contrastada por un tercero neutral.

La lectura sin humo

Este caso ilustra algo que define la era actual de la IA: el valor ya no está solo en construir el modelo, sino en impedir que otros copien lo que tu modelo sabe hacer. Y resulta que eso último es endiabladamente difícil, porque cada vez que tu IA responde a un usuario, está enseñando un poco de lo que sabe.

La destilación convierte la mayor fortaleza de estos modelos —su disponibilidad pública, su capacidad de responder a cualquiera— en su mayor vulnerabilidad. No hay muro que proteja del todo a una IA que, por definición, existe para contestar preguntas.

Y por encima de la pelea concreta, queda el patrón que venimos contando todo el mes: la IA se ha convertido en un campo de batalla geopolítico donde se cruzan empresas, gobiernos y fronteras. Robo de capacidades, controles de exportación, demandas judiciales, vetos. Todo a la vez, todo conectado. Y nosotros, que usamos estas herramientas desde fuera del tablero, somos a la vez espectadores y, cada vez más, fichas.

Seguiremos contándolo según se sepa.


Fuentes: CNBC · Bloomberg, vía The Next Web · Computerworld · InfoWorld · Reuters — 10-24 junio 2026

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