La UE busca 7 gigafactorías de IA y España quiere una
Bruselas abre la licitación de hasta siete centros de computación con 30.000 millones entre dinero público y privado. España compite con una candidatura de doble sede en Tarragona y Madrid. Las cuentas son serias, pero conviene compararlas con lo que gasta la competencia.
Por DidadoY
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Qué ha anunciado Bruselas exactamente
El jueves 30 de julio, la Comisión Europea abrió la licitación oficial para construir las primeras gigafactorías de inteligencia artificial de la UE: centros de computación a gran escala, con del orden de 100.000 chips de última generación cada uno, pensados para que Europa pueda entrenar sus propios modelos de frontera en lugar de alquilar siempre la infraestructura de otros.
Los números del programa: hasta 10.000 millones de euros de dinero público (la mitad del presupuesto comunitario, la otra mitad de los Estados miembros donde se instalen) con los que se aspira a movilizar al menos 20.000 millones más de inversión privada. En total, unos 30.000 millones para un máximo de siete gigafactorías.
El plan original era construir cinco. Se ha ampliado a siete porque la fase previa de interés recibió 76 propuestas de 16 países, bastantes más de las esperadas. El calendario: candidaturas hasta el 12 de noviembre de 2026, adjudicación a comienzos de 2027, primeras obras ese mismo trimestre y 18 meses después, en funcionamiento. Evaluará la EuroHPC, la empresa común europea de supercomputación, y 18 países (España entre ellos) ya han firmado el acuerdo de compra conjunta de capacidad.
La candidatura española, con nombres y porcentajes
España opta a una de las siete con un proyecto de doble sede: Móra la Nova (Tarragona) y San Fernando de Henares (Madrid), con el respaldo añadido de Portugal.
El reparto del consorcio está cerrado y merece mirarse, porque dice quién manda: el Estado, a través de la SEPI, tendrá en torno al 48%; la Generalitat de Cataluña, un 1%. Del lado privado, Banco Santander, ACS y Telefónica se reparten un 47% a partes iguales (un 15,67% cada una), y Multiverse Computing (la empresa donostiarra de IA cuántica) tiene el 4% restante. El control del proyecto, por tanto, queda en manos privadas por la mínima. El compromiso público inicial son unos 720 millones de euros a través de la SETT, la sociedad estatal para la transición tecnológica.
Es una candidatura seria, con socios que pueden poner el dinero y con un argumento territorial (energía renovable en las Terres de l'Ebre, conectividad en Madrid) que encaja con lo que Bruselas dice buscar.
Las cuentas que nadie subraya
Ahora, el contexto que falta en casi todas las coberturas.
Treinta mil millones de euros para siete centros suena enorme hasta que se compara con lo que gasta la competencia. Esta misma semana, Microsoft cifró su gasto de capital solo en 2026 en unos 175.000 millones de dólares, y un único campus de Anthropic en Texas se va a financiar con un préstamo de 15.000 millones avalado por Google. Es decir: todo el programa europeo de gigafactorías, público y privado, siete centros incluidos, cuesta menos que lo que una sola empresa estadounidense construye en un semestre.
La segunda cuenta es el calendario. Si todo sale perfecto (y los grandes proyectos europeos rara vez salen perfectos), las primeras gigafactorías estarán operativas a finales de 2028. Los modelos contra los que competirían se están entrenando ahora. Y no es solo una carrera contra empresas: Corea del Sur ya puso 519.000 millones de dólares sobre la mesa para su propia industria.
Y la tercera: de los 30.000 millones, 20.000 tienen que salir de un sector privado que todavía no los ha comprometido. La financiación pública "actuará como catalizador", dice la Comisión. Es una apuesta razonable, pero es una apuesta.
La lectura sin humo
Es fácil hacer sangre con esto, y sería injusto. Que Europa construya capacidad propia de computación es sensato, llega tarde pero llega, y la candidatura española es de las que tienen sentido industrial: sedes con energía y red, socios solventes y un Estado que pone dinero sin quedarse el control.
Lo que no conviene comprarse es el relato de la "soberanía tecnológica" a precio de nota de prensa. Con estas cifras y estos plazos, las gigafactorías europeas no van a competir con OpenAI ni con Google en modelos de frontera; van a dar a empresas, administraciones e investigadores europeos un sitio donde entrenar y ejecutar IA sin depender al cien por cien de infraestructura americana. Eso ya justifica el proyecto (para datos sanitarios, defensa o banca no es poca cosa), pero es un objetivo distinto y más modesto que el que sugieren los titulares.
La fecha que importa apuntarse es el 12 de noviembre. Ese día se sabrá quién compite de verdad. Y a comienzos de 2027, si el mapa de la IA europea incluye una parada entre Tarragona y Madrid.
Fuentes: El País · EFE · El Mundo · elDiario.es · Comisión Europea · 30 julio 2026
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